XV La Cena del Señor
Creencias de los Adventistas del Séptimo Día

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15 La Cena Del Señor

La Cena del Señor es la participación de los emblemas del cuerpo y la sangre de Jesús como una expresión de fe en él, nuestro Señor y Salvador. En esta experiencia de comunión, Cristo está presente para encontrarse con su pueblo y fortalecerlo. Al participar, proclamamos gozosos la muerte del Señor hasta que vuelva, la preparación para la Cena incluye el examen de uno mismo, el arrepentimiento y la confesión. El Maestro ordenó el servicio del lavamiento de los pies para simbolizar la purificación renovada, para expresar el deseo de servirnos los unos a los otros en humildad cristiana, y para unir nuestros corazones en amor. El servicio de la Comunión está abierto para todos los cristianos creyentes.

Lucas 22: 7-23; Mateo 26: 17-29; Marcos 14:12-25; 1Corintios 11: 23-60
Las ordenanzas del lavamiento de los pies y la Cena del Señor constituyen el servicio de la Comunión. Así, Cristo instituyó ambas ordenanzas con el fin de ayudarnos a entrar en comunión con él.

La Ordenanza del Lavamiento de los Pies:
La ordenanza requería que al celebrar la Pascua, las familias de Israel quitaran toda la levadura símbolo del pecado- que hubiera en sus hogares antes del primer día de la Semana del Pan sin Levadura o fiesta de los ázimos (Ex.12: 15,19,20) Así también los creyentes deben confesar todo pecado y arrepentirse de él, incluyendo el orgullo, las rivalidades, los celos, los resentimientos y el egoísmo, antes de poder estar en el espíritu adecuado para gozar de comunión con Cristo en este nivel más profundo.
Con este propósito, Cristo instituyó la ordenanza del lavamiento de los pies. No sólo estableció un ejemplo, sino también declaró que los discípulos debían hacer lo mismo, y les prometió una bendición. (Jn.13: 17) Esta ordenanza que precede a la Cena del Señor, cumple el mandato según el cual todos deben examinarse a sí mismos para no participar en el rito indignamente (1Cor.11: 27-29)
El significado de la ordenanza: Esta ordenanza revela características tanto de la misión de Cristo como de la experiencia del participante.
1. Un recuerdo de la condescendencia de Cristo: Esta ordenanza es un monumento a la condescendencia de Cristo revelada en su encarnación y su vida de servicio. Aunque moraba con el Padre en la gloria celestial, Cristo se despojó a sí mismo. (Fil.2: 7) Cristo vivió una vida de servicio abnegado. (Matl20: 28) Al seguir a Cristo en el lavamiento de los pies, profesamos su espíritu. (Gál.5: 13) Si bien la participación en este servicio produce humillación, está lejos de ser degradante. (Mat.25: 40)
2. Tipifica una purificación mayor: El lavamiento hizo más que limpiar los pies de los discípulos. Representa una purificación más profunda, la renovación del mismo corazón. (Jn.13: 10) El que está lavado es limpio. Sin embargo, los pies calzados con sandalias abiertas pronto se empolvaban y necesitaban volver a lavarse. Así sucedía con los discípulos. Sus pecados habían sido lavados por el bautismo, pero la tentación los había llevado a albergar orgullo, celos y maldad en sus corazones. Como discípulos cuando hemos aceptado a Cristo y sido bautizados, hemos sido limpiados con su sangre. Pero a medida que caminamos por la senda cristiana, cometemos errores. Nuestros pies se empolvan. Debemos venir nuevamente a Cristo, y permitir que su gracia purificadora quite de nosotros la contaminación, sin embargo no necesitamos bautizarnos nuevamente (Jn.13:10) La ordenanza del lavamiento de los pies nos recuerda que necesitamos constantemente ser limpiados, y que dependemos completamente de la sangre de Cristo.
3. Comunión en el perdón: La actitud perdonadora entre los participantes indica que la limpieza que este servicio simboliza ha hecho su efecto. (Mat.6: 14) El permitir que otro lave nuestros pies, demuestra nuestra necesidad de ayuda espiritual.
4. Comunión con Cristo y con los creyentes: El servicio del lavamiento de los pies demuestra el amor que Cristo tuvo por sus seguidores hasta el fin (Jn.13: 1) Sin lavamiento no hay comunión (Jn.13: 8) los que desean continuar manteniendo su comunión con Cristo, participarán de esta ordenanza. Más tarde Jesús enseñó. (Jn.13: 34; Gál.5: 13; Fil.2: 3) La esencia del cristianismo se la puede hallar en este servicio.

La Celebración de la Cena del Señor
La cena del Señor debe ser una ocasión de gozo y no de tristeza. El servicio de humildad que lo precede, provee la oportunidad de realizar un auto examen, confesar los pecados, reconciliar las diferencias y perdonarse mutuamente las ofensas. Habiendo recibido la certidumbre de la purificación por la sangre del Salvador, los creyentes se hallan listos para entrar en una comunión especial con su Señor.
Significado de la Cena del Señor: La Cena del Señor reemplaza a la Pascua. La Pascua se cumplió cuando Cristo, el Cordero pascual, entregó su vida.
1. Conmemoración de la libertada del pecado: Tal como la Pascua conmemoraba la liberación de la esclavitud de Egipto, la Cena conmemora la liberación del pecado. Los creyentes son salvos al participar del cuerpo y la sangre de Cristo (Jn.6: 54)
a. El pan y el fruto de la vid: Juan 6: 32-35 Cristo ofreció su cuerpo y su sangre para satisfacer el hambre y la sed que producen nuestras necesidades y deseos más profundos (Jn.6: 50-54) Unicamente el pan sin levadura, podía simbolizar el cuerpo inmaculado de Cristo. Del mismo modo tan sólo el fruto intacto de la vid el vino sin fermentar- simboliza apropiadamente la inmaculada perfección de la sangre purificadora de Cristo.
b. El acto de comer y beber: Juan 6: 53,54 El comer la carne de Cristo y beber su sangre, es lenguaje simbólico que representa la asimilación de la Palabra de Dios, a través de la cual los creyentes mantienen la comunión con el cielo y reciben la vida espiritual. (Jn.6: 63; Mat.4: 4)
2. La comunión colectiva con Cristo: En este mundo, lleno de divisiones y conflictos, nuestra participación colectiva en estas celebraciones contribuye a la unidad y estabilidad de la iglesia, demostrando verdadera comunión con Cristo y con los hermanos (1Cor.10: 16,17) Se alude aquí al hecho de que el pan de la comunión se parte en muchos pedazos, los cuales comen los creyentes, y así como todos los pedazos vienen del mismo pan, también todos los creyentes que participan del servicio de comunión se unen en Cristo, cuyo cuerpo quebrantado está simbolizado por el pan partido. Al participar juntos de esta ordenanza, los cristianos demuestran públicamente que están unidos entre sí, y que pertenecen a una gran familia, cuya cabeza es Cristo.
3. Anticipación de la segunda venida: 1Corintios 11: 26 El servicio de la Comunión abarca el tiempo que transcurre entre el Calvario y la Segunda Venida. Vincula la cruz con el reino. Une el ya y el no todavía, que constituyen la esencia de la visión mundial del NT. Mantiene unidos el sacrificio del Salvador y su segunda venida: salvación provista y salvación consumada. Proclama que Cristo está presente por medio del Espíritu hasta que venga en forma visible.
Requisitos para la participación: Dos grandes ordenanzas sirven a la fe cristiana: el bautismo y la Cena del Señor. El primero es la puerta de entrada a la iglesia, y la última beneficia a los miembros. Jesús administró la Comunión únicamente a sus seguidores profesos. El servicio de Comunión, por lo tanto, es para los cristianos creyentes. Los niños no participan generalmente de esta ordenanza, a menos que hayan sido bautizados. Se debe celebrar con la debida reverencia al Señor (1Cor.11: 27,28)
Pablo aconseja pruébese cada uno a sí mismo. Cristo, rechazó la exclusividad en la Cena. Si bien el pecado abierto excluye a los individuos de participar (1Cor.5: 11), el mismo Jesús compartió la Cena con Judas, que exteriormente era un seguidor profeso, pero que en lo interior era ladrón y traidor. Lo que decide, entonces, quiénes son idóneos para participar, es la condición del corazón: una entrega completa a Cristo y fe en su sacrificio; no la calidad de miembros de una iglesia particular. En consecuencia, los cristianos creyentes de todas las denominaciones pueden tomar parte de la Cena del Señor. Todos están invitados a celebrar a menudo este gran festival del nuevo pacto, y por medio de su participación, dar testimonio de que han aceptado a Cristo como su Salvador personal.

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