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Iglesia Adventista del Séptimo Día Central de Chorrillos
CBA Apoc 20

Comentario Bíblico: Apocalipsis Capítulo 20

2 Satanás es atado por mil años. 6 La primera resurrección; bienaventurados los que participan en ella. 7 Satanás es soltado de nuevo. 8 Gog y Magog. 10 El diablo es lanzado en el lago de fuego y azufre. 12 La última y gran resurrección final.

1 VI A un ángel que descendía del cielo,' con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano.
2 Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años;
3 y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo.
4 Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.
5 Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección.
6 Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.
7 Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión,
8 y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar.
9 Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió. 891
10 Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.
11 Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos.
12 Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.
13 Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras.
14 Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda.
15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

1.
Vi.

Los acontecimientos descritos en el cap. 20 siguen inmediatamente a los que se han presentado en el cap. 19.
Que descendía. O "descendiendo". Juan vio al ángel no en la tierra sino descendiendo a la tierra.

Llave.

El hecho de que este ángel tenga en su mano la llave es una prueba de que el ciclo dirige completamente los acontecimientos. Al dragón le es imposible evitar que lo arrojen al abismo.

Abismo.

Gr. abússos (ver com. cap. 9: 1). Esta visión es simbólica. El abismo no es una caverna subterránea o un precipicio en algún lugar del universo. Juan describe el panorama profético que se despliega ante sus ojos maravillados. En visión vio un abismo literal, pero el encierro del dragón en el abismo fue sólo un medio simbólico de mostrar que las actividades de Satanás serían controladas. Esto se ve claramente por la afirmación de que el propósito de su encierro era "para que no engañase más a las naciones" (cap. 20:3).

La forma en que serán controladas las actividades de Satanás se deduce fácilmente por el contexto y por otros pasajes, que muestran que la tierra será completamente despoblada cuando Cristo venga por segunda vez. Según el cap. 19:19-21, todos los impíos serán destruidos cuando Jesús vuelva (ver el comentario respectivo), y al mismo tiempo los justos serán "arrebatados en las nubes para recibir al Señor en el aire" (1 Tes. 4:17). El lenguaje de Pablo muestra que Cristo no establecerá su reino en la tierra inmediatamente después de su segunda venida; por eso es que lleva consigo a los santos al cielo. Su reino se establecerá cuando terminen los mil años, cuando descienda la Nueva Jerusalén (Apoc. 21:1-3). Esta traslación de los santos al cielo en ocasión de la segunda venida de Cristo, está implícita en Juan 14:1-3. Jesús consuela a sus discípulos que están tristes por su pronta partida, diciéndoles que se va a la casa de su Padre a preparar moradas para ellos, y que después volverá y los llevará para que estuvieran con él. Cf. Juan 13:36; 17:24. Las moradas están sin duda en la Nueva Jerusalén, que no desciende a la tierra sino hasta el fin de los mil años (ver Apoc. 21:1-3).

El grupo que será arrebatado para encontrarse con el Señor en el aire, incluirá a los justos muertos, que serán resucitados en la segunda venida de Cristo, y a los justos vivos, que serán "transformados" (1 Cor. 15: 51; 1 Tes. 4: 16-17). La muchedumbre de santos resucitados incluirá, pues, a todos los justos que han vivido en la tierra. Habrá sólo dos resurrecciones principales:
la "resurrección de vida" y la "resurrección de condenación" (Juan 5:29; Hech. 24:15). En estas resurrecciones "todos los que están en los sepulcros oirán su voz" (Juan 5: 28-29). Algunos han insistido en que la frase "muertos en Cristo" (1 Tes. 4: 16) incluye a los cristianos que han muerto, pero no los santos del A 71, sin embargo, los pasajes ya citados demuestran que todos los justos participarán en la resurrección de los justos. La frase "muertos en Cristo" no excluye necesariamente a los santos del AT, porque ellos murieron con su firme esperanza en el Mesías venidero. Su resurrección también dependerá de la resurrección de Cristo, porque sólo "en Cristo todos serán vivificados" (1 Cor. 15: 22). La resurrección de los justos se describe además como la "primera resurrección" (Apoc. 20: 5-6).

Han introducido mucha confusión en la doctrina de los mil años los que no reconocen que las promesas hechas al antiguo Israel estaban condicionadas por la obediencia. Los que procuran incluir el cumplimiento de estas 892 antiguas promesas en el cuadro escatológico del NT, han presentado muchas teorías fantásticas. Han intentado mucho más de lo que tuvieron en mente los escritores del NT. Estos autores inspirados por el Espíritu de Dios, presentan un cuadro consecuente de los acontecimientos de los últimos días. Muestran que los acontecimientos podrían haberse cumplido de un modo diferente si la nación judía hubiera aceptado su destino divino, pero que se cumplirán para la iglesia del NT. Muestran la verdadera posición de los judíos en los tiempos del NT y no les otorgan un lugar especial como nación. Jesús revela claramente en una de sus parábolas que cuando la nación judía lo rechazó, "el reino de Dios" les fue "quitado.... y dado a gente que" produjera "frutos de él" (ver com. Mat. 21:43). Los judíos tienen ahora la misma relación con Dios que los gentiles (ver com. Rom. 1 l). El papel de los judíos en la profecía bíblica y la naturaleza condicional de las profecías dadas a ellos se estudia más ampliamente en el t. IV, pp. 27-40. Un examen cuidadoso de todas las evidencias demuestra que los judíos como nación no desempeñarán un papel especial en los acontecimientos de los mil años. Los judíos que hayan aceptado individualmente a Cristo a través de los siglos de la era cristiana, serán salvados como miembros de la iglesia, y junto con otros santos participarán de la primera resurrección y serán trasladados; pero los que persisten en rechazar al Mesías, se levantarán en la segunda resurrección (ver com. Apoc. 20:5).

El traslado de todos los santos al cielo y la destrucción de todos los impíos vivos, dejará la tierra completamente despoblada. Además, las terribles convulsiones de la naturaleza relacionadas con las siete últimas plagas (ver com. cap. 16:18-21), sumirán a la tierra en una escena de completa desolación. Habrá cadáveres desparramados sobre la superficie (ver com. cap. 19:17-2 l). Es, pues, apropiado ver en el abússos un símbolo de la tierra desolada, en la cual Satanás será aprisionado durante mil años. En Gén. 1:2 (LXX), abússos es una traducción del Heb. tehom, "profundidad", la palabra que describe la superficie de la tierra como aparecía en el primer día de la creación: "desordenada y vacía".

Cadena.

Un símbolo de sujeción. Aquí no se prefigura una atadura literal con una cadena literal; es una cadena de circunstancias.

En la mano.

O "sobre su mano", lo que tal vez indica que la cadena colgaba de la mano del ángel.

2.
Prendió.

Gr. kratéÇ, "prender", "sujetar".

Dragón... Satanás.

Una alusión al cap. 12:9 donde aparecen los mismos nombres (ver el comentario respectivo).

Lo ató.

La atadura del dragón simboliza las restricciones que se le impondrán a las actividades de Satanás. Los impíos morirán por la gloria de la segunda venida de Cristo y los justos serán trasladados al cielo. Satanás y sus malignos ángeles serán recluidos en estas circunstancias en la tierra desolada, en donde no habrá ni una sola persona viva sobre la cual Satanás pueda ejercer sus poderes engañosos. En esto consistirá su atamiento (ver com. vers. l).

Mil años.

Algunos comentadores entienden este período como un tiempo profético, es decir, 360.000 años literales. Basan su interpretación en que estos versículos son simbólicos, y que por lo tanto el período debe ser interpretado simbólicamente. Otros destacan que esta profecía contiene elementos literales y simbólicos, y que por lo tanto no es necesario entender simbólicamente esa cifra. Este Comentario toma la posición de que estos mil años son literales.

3.
Abismo.

Ver com. vers. l.

Puso su sello sobre él.

Gr. sfragízÇ, "sellar". En cuanto al uso de los sellos antiguos, ver com. cap. 7:2. Este sello puede compararse con el que fue colocado sobre la tumba de Jesús (Mat. 27:66). El sello simboliza el hecho de que Satanás estará completamente restringido en sus actividades durante los mil años.

Engañase más a las naciones.

La obra de engaño de Satanás será interrumpida por la despoblación de la tierra. No habrá nadie a quien pueda engañar (ver com. vers. l).

Debe ser.

Gr. déi, "es necesario". Déi sugiere una necesidad fundada en razones morales y éticas. Aquí es una necesidad porque Dios dispone que así sea como parte de su plan divino.

Desatado.

Lo opuesto a la atadura del diablo en la segunda venida de Cristo. Satanás podrá nuevamente engañar a los hombres, mover su voluntad para que se opongan a Dios. Con la despoblación de la tierra terminó su obra de engaño; por lo tanto, su desatamiento significa que la tierra se ha repoblado, lo que sucederá cuando resuciten todos los impíos al final de los mil años (ver com. vers. 5). 893 Estos impíos resucitados serán sujetos al engaño del maligno, y entre tanto él hace planes para su batalla final contra Jehová.

Un poco de tiempo.

No se nos dice cuánto durará este "poco" de tiempo. Será suficiente tiempo para que Satanás organice a los impíos resucitados para lanzar un asalto final contra la nueva Jerusalén.

4.
Tronos.

Símbolos de autoridad para gobernar como rey (cap. 13:2) o como juez (Mat. 19:28).

Facultad de juzgar.

Gr. kríma, "sentencia", "veredicto", "juicio promulgado". Kríma parece significar aquí la autoridad de dictar una sentencia. El pasaje no se refiere a un veredicto a favor de los justos. Los santos se sientan sobre tronos, y este mismo acto significa que ellos son los que pronunciarán la sentencia. El pasaje es sin duda una alusión a Dan. 7:22, donde el profeta dice que "se dio el juicio a los santos del Altísimo". La palabra "juicio" en Daniel (LXX), es krísis, "el acto de juzgar", mientras que la versión griega de Teodoción, dice kríma.

La obra de juicio a la que se refiere Juan es sin duda la misma de la cual habla Pablo: "¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo?... ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?" (1 Cor. 6:2-3). La obra de juicio sin duda implicará una cuidadosa investigación de los registros de los impíos, para que todos queden completamente convencidos de la justicia de Dios cuando destruya a los impíos (DTG 40). Ver CS 718-719.

Alma.

Ver com. Apoc. 6:9; cf. com. Sal. 16:10.

Decapitados.

Gr. pelekízÇ, literalmente, "cortar con un hacha", específicamente "decapitar". La palabra deriva de pélekus, "hacha", que era el instrumento que se usaba en las ejecuciones de la Roma antigua; más tarde fue sustituida por la espada.

Por causa del testimonio de Jesús.

Ver com. cap. 1:2, 9. El testimonio dado acerca de Jesús.

Palabra de Dios.

Ver com. cap. 1:2, 9.

Que no habían adorado.

En otras palabras, habían prestado atención a la amonestación del tercer ángel (cap. 14:9-12), y se negaron a obedecer al poder representado por la bestia aunque estuvieron amenazados con muerte y aislamiento social (ver com. cap. 13:15- 17). En este versículo sólo se mencionan dos clases de santos: los mártires y los vencedores sobre la bestia. Esto no significa que son los únicos que participarán del reinado durante los mil años, porque ya se ha demostrado que todos los justos muertos, y no sólo los mártires, participarán en la primera resurrección (ver com. Apoc. 20: 1, cf. com. Dan. 12:2). Quizá se menciona específicamente a los mártires y a los vencedores sobre la bestia porque representan a los que sufrieron más. Ver la segunda Nota Adicional al final de este capítulo.

Y vivieron.

El texto griego puede traducirse "vivieron" o "surgieron a la vida". El contexto parece favorecer la segunda traducción; de lo contrario la declaración: "Esta es la primera resurrección" (vers. 5), no tendría un antecedente apropiado. Sin embargo, los vencedores de la bestia estarán vivos en el tiempo que precederá inmediatamente a la venida del Hijo del hombre, y la mayoría de ellos no necesitará resucitar (ver com. vers. l). Por lo tanto, algunos sugieren que "vivieron" debe sugerir la idea de un comienzo, y que "y" debe entenderse como un término explicativo. De modo que diría: "Ellos comenzaron a vivir, es decir, a reinar con Cristo".

Reinaron.

Surge la pregunta: ¿sobre quiénes reinarán los santos si todos los impíos han sido destruidos? Se dice que reinan "con Cristo". Cuando el séptimo ángel toque la trompeta, "los reinos del mundo" llegarán a ser los reinos "de nuestro Señor y de su Cristo" (cap. 1 l: 15). Daniel habla del "reino, y el dominio y la majestad de los reinos" que es "dado al pueblo de los santos del Altísimo" (cap. 7:27). Los santos han estado bajo el gobierno opresor de reyes que habían bebido el vino de la fornicación de Babilonia (Apoc. 18:3); pero ahora se han invertido los papeles.

Es verdad que los impíos están muertos (ver com, cap. 20:2), pero volverán a la vida al fin del milenio (ver vers. 5). Están encerrados, por decirlo así, para recibir después su castigo. Mientras tanto los santos ayudan en la obra de juicio que determinará el castigo que será aplicado. Después de que los impíos retornen a la vida, sufrirán la derrota completa, recibirán su castigo y serán aniquilados (ver com. cap. 14: 10; 20:9).

Con Cristo.

El reino milenario será con Cristo en el cielo, no en la tierra como lo afirman muchos intérpretes de la Biblia (ver com. vers. 2; ver la segunda Nota Adicional 894 al final de este capítulo).

Mil años.

Ver com. vers. 2.

5.
Los otros muertos.

Es obvio que se refiere a los impíos muertos, los que desde el principio del mundo han muerto sin Cristo y los que perecieron durante la segunda venida de Cristo. Esto es más claro aún porque todos los muertos justos participarán en la primera resurrección. Por lo tanto, "los otros muertos" tienen que ser los impíos muertos (ver com. vers. 2). Algunos MSS omiten la frase "pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años", pero la evidencia textual establece su inclusión. De todos modos la doctrina de la segunda resurrección -implícita claramente en este capítulo- no depende de esta declaración. Si las naciones tienen que unirse con Satanás en su ataque contra la santa ciudad (vers. 9), es necesario que vuelvan a la vida. La frase "segunda resurrección" se deriva de la observación de que sólo hay dos resurrecciones principales (Juan 5:28-29; Hech. 24:15), y que la resurrección de los justos se llama la "primera resurrección" (ver com. Apoc. 20:2, 4).
La oración "pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años", constituye un paréntesis. La frase que sigue: "Esta es la primera resurrección", se relaciona directamente con la resurrección mencionada en el vers. 4.

Hay un estudio de la evidencia textual en cuanto al vers. 5 en la primera Nota Adicional al final de este capítulo.

Primera resurrección.

Es decir, la mencionada en el vers. 4 (ver el comentario respectivo).

6.
Bienaventurado.

Gr. makários (ver com. Mat. 5:3).

Santo.

Gr. hágios (ver coro. Rom. 1:7).

La segunda muerte.

O sea la muerte que sufrirán los impíos después de su resurrección al final de los mil años (vers. 14; cap. 2 l: S). La primera muerte es la que le sobreviene a todos (1 Cor. 15:22; Heb. 9:27). Todos, tanto los justos como los impíos, serán resucitados de esta primera muerte (Juan 5:28-29). Los justos saldrán de sus tumbas a la inmortalidad (1 Cor. 15:52-55). Los impíos serán resucitados para recibir su castigo y morir eternamente (Apoc. 20:9; 21:8). Dios los destruirá totalmente en el infierno (ver com. Mat. 10:28); los aniquilará. La "segunda muerte" es algo diametralmente opuesto a una vida eterna en medio de torturas, que según enseñan muchos será la suerte de los impíos (ver com. Mat. 25:4 l).

Potestad.

Gr. exousía, "autoridad". La segunda muerte no tocará a los redimidos.

Sacerdotes.

Ver com. Apoc. 1.6; cf Isa. 61:6.

De Dios.

Es decir, en compañía con Dios; así mismo "de Cristo" significa en compañía con Cristo. Las frases "de Dios" y "de Cristo" pueden también significar respectivamente, sirviendo a Dios y sirviendo a Cristo.

Reinarán.

Ver com. vers. 4 y la segunda Nota Adicional al final de este capítulo.

7.
Suelto.

El encierro tendrá lugar cuando los justos sean trasladados al cielo y destruidos los impíos vivos (ver com. vers. 2); y Satanás será "suelto" cuando resuciten los impíos. Esto le dará súbditos sobre quienes ejercer su arte de engaño.

Prisión.

La prisión es el "abismo", la tierra que quedará desolada cuando Cristo venga por segunda vez, y en donde Satanás quedará circunscrito durante los mil años (ver com. vers. l). Pero Satanás será libertado para organizar a los impíos resucitados. Este será su esfuerzo final contra Dios antes de que sea destruido para siempre jamás.

8.
Naciones... Gog y a Magog.

Estos términos representan a las huestes de los réprobos de todos los siglos, quienes participarán en la segunda resurrección. Hay un estudio de los nombres "Gog" y "Magog" y de la aplicación de estos símbolos en la profecía del AT y en este pasaje, en com. Eze. 38:1-2.

La batalla.

El artículo definido pone de manifiesto que será una batalla especial: el último conflicto entre Dios y los que se rebelaron contra él. Ver CS 721-723.

La arena del mar.

Es decir, más de lo que pueda computarse (cf. Gén. 22:17). Esta hueste la componen todos los réprobos desde la fundación del mundo.

9.
La anchura de la tierra.

Compárese con una expresión similar en Hab. 1:6. Los impíos, bajo la dirección de Satanás, marchan contra el campamento de los justos.

El campamento.

Gr. parembol', "campamento". Parembol' se usa para referirse a los cuarteles de los soldados o a un fortín (Hech. 21:34, 37), a los ejércitos en formación de guerra (Heb. 11:34) o a un campamento de personas (Heb. 13:11, 13). Parembol' describe aquí a la Nueva Jerusalén.

Y la ciudad amada.

La ciudad amada es la 895 Nueva Jerusalén (cap. 21: 10). Algunos eruditos distinguen entre el campamento y la ciudad; pero por lo menos está claro que los santos estarán dentro de la ciudad durante el asedio (ver PE 292-293). El hecho de que la "ciudad amada" es sitiada demuestra claramente que ya ha descendido, aunque su descenso se describe en el cap. 21:1, 9-10. Uno de los acontecimientos más importantes después de la terminación de los mil años es el descenso de Cristo, los santos y la ciudad santa. La narración es muy breve, pero la secuencia de los acontecimientos es clara cuando se examina todo el contexto.

Fuego.

Sin duda se refiere a fuego literal como medio de destrucción.

Consumió.

La flexión del verbo griego denota una acción completa. Los impíos serán aniquilados. Sufrirán la "segunda muerte" (ver com. vers. 6). Aquí no se insinúa una tortura perpetua en un infierno que arde para siempre (cf. Jud. 7).

10.
Lago de fuego.

Ver com. cap. 19:20. Este lago de fuego es la superficie de la tierra que se convertirá en un mar de llamas que consume a los impíos y purifica la tierra.

Estaban.

Esta palabra ha sido añadida. El contexto sugiere reemplazarla con la frase "fueron lanzados". Ver com. cap. 19:20.

Serán atormentados.

El sujeto plural del verbo son el diablo, la bestia y el falso profeta. Debe notarse que la bestia y el falso profeta no son seres literales sino simbólicos.

Por los siglos de los siglos.

Ver coro. cap. 14:11.

11.
Trono.

Símbolo de autoridad, en este caso la autoridad de llevar a cabo un juicio. El trono es "blanco", lo que quizá sugiera pureza y justicia en las decisiones tomadas. También se le agrega el adjetivo "gran", quizá para referirse a las decisiones importantes que allí se toman.

Al que estaba sentado.

No se dice la identidad de la persona que está sentada sobre el trono, a menos que lo revelen las palabras "ante Dios" (vers. 12); sin embargo, la evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto "delante del trono". De allí que permanezca la incertidumbre de la identidad. Las Escrituras presentan a Cristo (Rom. 14: 10) y al Padre (Heb. 12:23) sentados para ejercer juicio. En Apoc. 4:2, 8-9; 5:1, 7, 13; 6:16; 7:10, 15; 19:4; 21:5 el Padre es el que está sentado en el trono como juez divino; pero los dos actúan en la más estrecha unidad (ver com. Juan 10:30). Los actos oficiales del uno son los mismos del otro. Cristo es sin duda el que lleva la iniciativa aquí (ver CS 724).

Huyeron.

Una indicación del poder absoluto de Aquel que está sentado sobre el trono y de la fugaz existencia de este mundo (Sal. 102:25-26; 104:29-30; Isa. 51:6; Mar. 13:31; 2 Ped. 3: 10). El orden eterno que se establecerá habrá de ser de una clase enteramente nueva (Apoc. 21:1-5).

12.
Los muertos.

Es obvio que se refiere a los que participarán en la segunda resurrección (ver com. vers. 5, 7).

Grandes y pequeños.

La jerarquía que se alcanza en esta vida no tiene valor alguno en este encuentro con Dios. Muchas personas importantes escaparon al justo castigo de sus iniquidades mientras vivían; pero en este ajuste final de cuentas con Dios no se podrá evadir Injusticia plena.

Ante Dios.

La evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto "delante del trono" (BJ, BA, NC). Ver com. vers. 1 l.

Los libros.

Estos son los libros que contienen el registro de la vida de los seres humanos. Ninguna sentencia pronunciada sobre los impíos será arbitraria, unilateral o injusta. Hay una clasificación de estos libros en com. Dan. 7: 10.

Otro libro.

Es decir, "un libro más".

De la vida.

Ver com. Fil. 4:3; cf. com. Luc. 10:20.

Según sus obras.

Ver com. Rom. 2:6. Estas son evidencias que todos pueden ver y evaluar.

13.
El mar.. la muerte... el Hades.

Estas palabras destacan la universalidad de la segunda resurrección insinuada en el vers. 12. Nadie podrá escaparse de comparecer en persona delante de Dios en su trono. La muerte y el Hades se mencionan juntos en los cap. l:18; 6:8. En cuanto a una definición de "Hades", ver com. Mat. 11:23.

14.
La muerte y el Hades.

Una personificación de la muerte y el Hades. Este lanzamiento de ambos en el lago de fuego, representa el fin de la muerte y el sepulcro o morada de los muertos. No tendrán jamás parte alguna en la Tierra Nueva, pues son fenómenos mortales que sólo pertenecen a este mundo. 1a muerte es el enemigo final que será destruido (1 Cor. 15:26, 53-55).

Lago de fuego.

Ver com. vers. 1 0.

La muerte segunda.

Ver com. vers. 6. 896

15.
Y el que.

En el libro de la vida sólo permanecerán los nombres de los que hayan sido fieles. Los nombres de los que no perseveraron hasta el fin, serán borrados (cap. 3:5). Los nombres de muchos nunca estuvieron registrados allí, porque en el libro sólo están los nombres de los que en algún momento de su vida profesaron fe en Cristo (ver com. Luc. 10:20).

Lago de fuego.

Ver com. vers. 10. Cf. Mat. 25: 41, 46; Apoc. 21: 8.

Notas Adicionales

Nota 1

En Apoc. 20: 5 hay un problema textual. La oración "Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años", no se encuentra en algunos manuscritos. Esto ha dado origen a cierta duda en cuanto a que sea genuina. Presentamos un examen de la evidencia textual referente a este problema.

Hay seis manuscritos unciales principales que contienen el libro de Apocalipsis: (1) los Papiros de Chester Beatty, del siglo III, llamados p47 , el testimonio antiguo más importante del libro, y unos pocos fragmentos de papiros; (2) el Sinaítico (cuyo símbolo es X), del siglo IV; (3) el Alejandrino (cuyo símbolo es A), del siglo V; (4) el palimpsesto de Efraín (cuyo símbolo es C), del siglo V; (5) el Porfiriano (cuyo símbolo es P), del siglo IX o X, y (6) un manuscrito del Vaticano, cuyo símbolo a veces es B, pero que debe distinguirse del Códice Vaticano del siglo IV, cuyo símbolo es siempre B. Se ha perdido el libro del Apocalipsis del Códice Vaticano, de manera que la deficiencia ha sido suplida con un manuscrito del siglo VIII designado Vaticano gr. 2066, 046 o a 1070.

Además de estos documentos unciales, hay muchos manuscritos cursivos de fecha comparativamente tardía.
Debe notarse que estos antiguos manuscritos no son todos completos. Algunas de las hojas faltan del todo, y otras han sido mutiladas; a veces les faltan secciones enteras. Por ejemplo, como se acaba de notar, se ha perdido todo el libro del Apocalipsis del Códice Vaticano. Los Papiros de Chester Beatty que contienen el Apocalipsis, sólo tienen la parte que va desde el cap. 9: 10 hasta 17:2, y faltan ciertas líneas de estas hojas. El testimonio de estos importantes manuscritos unciales en lo que respecta al cap. 20:5 es, por lo tanto, desconocido. Lo mismo sucede con el testimonio del palimpsesto de Éfraín (C) y del Porfiriano (P), porque falta todo el capítulo 20 en el C y los primeros nueve versículos del capítulo en el R Esta sección del Apocalipsis también falta en algunos cursivos.

La versión Peshitto -de principios del siglo V- nunca incluyó los libros de 2 Ped., 2 Juan, 3 Juan, Judas y el Apocalipsis, porque la iglesia siríaca no reconocía su canonicidad. El texto del Apocalipsis que aparece a partir de 1627 en las ediciones modernas impresas de la versión Peshitto, fue tomado de una traducción siríaca posterior conocida como la Harcleana.

Por lo tanto, la autenticidad de la oración que estamos considerando debe justipreciarse con los testimonios restantes, que son comparativamente pocos en número. En verdad, los testimonios antiguos del libro del Apocalipsis son mucho más escasos que los de los Evangelios, los Hechos o las epístolas paulinas.

En los manuscritos que contienen esta sección del Apocalipsis la cláusula "Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años", se omite en el Sinaítico (X), en unos pocos cursivos y en las versiones siríacas. Se encuentra en el Alejandrino (A) y en el 046, y en gran número de cursivos. El proceso por el cual se determina la autenticidad de un texto o de una variante es demasiado complejo para ser tratado aquí; pero con la evidencia disponible los eruditos aceptan generalmente como auténtica la oración que estamos examinando. Por esta razón aparece en la mayoría de las traducciones. El hecho de que algunos traductores coloquen el pasaje entre paréntesis no significa necesariamente que dudan de la autenticidad del texto; pueden simplemente considerarlo como un paréntesis.
Los redactores del Nuevo Testamento griego Nestlé-Aland, edición 26, considerado como el más minusioso y erudito, han incluido esta frase como parte del texto. Por otra parte los redactores del NT griego de las Sociedades Bíblicas Unidas, tercera edición texto en el cual se basan las traducciones de la Sociedades Bíblicas, incluyen esa frase sin discutir la posibilidad de que no sea parte del texto. Por otra patre , los redactores del NT griego de las Sociedades Bíblicas 897 Unidas, tercera edición, texto en el cual se basan las traducciones de las Sociedades Bíblicas, incluyen esa frase sin discutir la posibilidad de que no sea parte del texto. De esta forma lo dan como "texto establecido"; es decir, no consideran digno de mencionar el hecho de que la frase falta en unos pocos MSS.

Se ha destacado que todo el pasaje tiene un sentido coherente si se omite la oración que consideramos, especialmente si la última parte del vers. 4 se traduce: "vinieron a la vida y reinaron con Cristo mil años", traducción que permite la sintaxis del griego. Sin embargo, esto no es suficiente de por sí para decidir si es genuino un determinado pasaje. No puede negársele a un autor el derecho de introducir una idea parentética en un pensamiento que de otra manera no tendría brechas.

No hay problema entre la oración mencionada y su contexto porque lo que ella dice está claramente implícito en el contexto, especialmente cuando se estudian otros pasajes de la Escritura relacionados con ella. La Biblia habla de dos resurrecciones principales: la de los justos, y la de los injustos (Juan 5: 28-29; Hech. 24: 15). Se enseña con toda claridad que la resurrección de los justos será simultánea con la segunda venida de Cristo (1 Tes. 4: 13-17). En Apoc. 20: 4 se declara de algunos que "vivieron y reinaron con Cristo mil años". Esta oración debería traducirse como ya lo dijimos: "Vinieron a la vida ['revivieron', BJ ] y reinaron con Cristo mil años". Si se traduce de esta manera, la oración "Esta es la primera resurrección" (vers. 5) se relaciona en forma lógica con el vers. 4. Cuando el autor llama a ésta la "primera" resurrección, tácitamente indica que habrá una "segunda". Como todos los impíos morirán en ocasión de la segunda venida de Cristo (cap. 19: 21), y como se los describe cuando atacan la ciudad al fin de los mil años (cap. 20: 8-9), se deduce que deben haber resucitado. Por lo tanto, está claramente implícita en el contexto la segunda resurrección al final de los mil años.


Nota 2

El período de los mil años, comúnmente llamado milenio, sólo se menciona en la Biblia en Apoc. 20. El milenio o milenario no es un término de las Escrituras, pero la expresión "mil años" aparece seis veces en los vers.
1-7. Los comentadores difieren mucho en su manera de entender el milenario.

Esta Nota Adicional tiene el propósito de exponer las razones bíblicas de la posición que sostienen los adventistas del séptimo día, y mostrar por qué consideran insostenibles otras posiciones que se han propuesto.

La segunda venida de Cristo precede al milenio.- Es evidente que el segundo advenimiento precederá al milenio porque la narración de los cap. 19 y 20 del Apocalipsis es continuada. Se describe simbólicamente la segunda venida en el cap. 19: 11-2 1, y la narración sigue sin interrupción en el cap. 20, que trata el período de los mil años. La continuidad de la narración se demuestra claramente por la relación recíproca de los sucesos. Los tres grandes poderes que se opondrán a la obra de Cristo y congregarán a los reyes de la tierra para la batalla que se librará inmediatamente antes del advenimiento, se identifican como el dragón, la bestia y el falso profeta (cap. 16: 13). Según el cap. 19: 19, cuando "la bestia" y los "reyes de la tierra" y "sus ejércitos" se congreguen para hacer guerra contra Cristo en ocasión de su segunda venida, la bestia y el falso profeta serán apresados y arrojados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre (vers. 20-21). La narración del cap. 20 presenta la suerte del tercer miembro del trío, el dragón: será atado y lanzado al abismo, donde permanecerá por mil años.
Cualquier definición o descripción del milenio debe basarse en el esquema de la doctrina del milenario que se expone en los cap. 19 y 20, porque éste es el único pasaje de la Escritura que trata directamente esta doctrina.
Los enemigos de Cristo son muertos en el segundo advenimiento. -Cuando la bestia y el falso profeta sean arrojados en el lago de fuego (Apoc. 19:20), "los demás" (vers. 21) de sus seguidores serán muertos por la espada de Cristo. Estos son los "reyes", "capitanes" y "fuertes", y "todos, libres y esclavos, pequeños y grandes" (vers. 18). Se menciona a estos mismos grupos en relación con el sexto sello, cuando procurarán esconderse del rostro del Cordero (cap. 6: 14- 17) porque los cielos se apartarán como un rollo que es envuelto y todo monte será movido de su lugar y también las islas. Es obvio que estos pasajes de las Escrituras se refieren al mismo acontecimiento que despedazará la tierra: la segunda venida de Cristo.

¿Cuántos están comprendidos en la muerte de "los demás" (cap. 19: 21)? Según el cap. 13: 8 sólo habrá dos clases en la tierra cuando Cristo venga por segunda vez: "La adoraron [a la bestia] todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida". Por lo tanto, es evidente que cuando "los demás" sean "muertos con la espada" (cap. 19: 21), no habrá sobrevivientes salvo los que han resistido a la bestia, es decir, aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida (cap. 13: 8). Antes de mencionar que este grupo entrará en su reinado milenario (cap. 20: 4), Juan relata cómo el tercer gran enemigo -el dragón- comenzará a recibir su retribución (vers. 1-3).

Los muertos justos resucitarán en la segunda venida de Cristo.-La Biblia presenta dos resurrecciones: la de los justos y la de los injustos, separadas por un período de mil años (ver com. Apoc. 20: 1, 4-5). No habrá una resurrección general, pues hay otra de la cual aparentemente no todos participan (Fil. 3: 11; cf. Luc. 14: 14; 20: 35). En otra parte se describe a los justos como "los que son de Cristo, en su venida" (1 Cor. 15: 23). Algunos sostienen que Apoc. 20: 4 sólo describe a los mártires cristianos; sin embargo, una comparación con otros pasajes muestra que todos los justos, incluso los santos del AT (ver com. Rom. 4: 3; 1 Cor. 15: 18) y los justos vivos, revestidos de inmortalidad en ese momento (1 Cor. 15: 51-54), ascienden para estar con Cristo cuando él venga por segunda vez (ver com. 1 Tes. 4: 16-17).

No hay fundamento válido en las Escrituras para separar a los "bienaventurados y santos" que han resistido la persecución de la bestia, de los santos inmortales mencionados en 1 Tes. 4 y 1 Cor. 15.
La unidad del segundo advenimiento.-Las diferentes referencias bíblicas al segundo advenimiento se combinan para describir como un solo acontecimiento la venida de Cristo para recoger a sus santos, y para destruir a los perseguidores de ellos. Las referencias principales pueden resumirse como sigue:

1. Mat. 24: 29-31. La venida de Cristo será visible, "sobre las nubes del cielo", "después de la tribulación". Jesús enviará a sus ángeles "con gran voz de trompeta", para juntar a "sus escogidos".

2. 1 Cor. 15: 23, 51-53. "Los que son de Cristo, en su venida" -tanto los muertos resucitados como los vivos- recibirán la inmortalidad cuando "se tocará la trompeta".

3. 1 Tes. 4: 15-17. El Señor descenderá "con trompeta de Dios" para resucitar y arrebatar a "los muertos en Cristo", junto con los que viven y los que quedan hasta el día de su venida. Serán arrebatados "en las nubes para recibir al Señor en el aire", para estar "siempre con el Señor".

4. 2 Tes. 1: 6-8. La iglesia recibirá "reposo" de la persecución cuando Cristo sea revelado "desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego" para castigar a los que no "obedecen el Evangelio".

5. 2 Tes. 2: 1-3, 8. La "reunión con él [Cristo]", respecto a la cual los tesalonicenses estaban turbados, no vendrá hasta después de la "apostasía" y la revelación de "aquel inicuo [el anticristo]", que será destruido "con el espíritu de su boca [de Cristo]" y el "resplandor de su venida".

6. Apoc. 1: 7. Su venida será "con las nubes" y visible para "todo ojo".

7. Apoc. 14: 14-20. Cuando Cristo venga, recogerá una doble cosecha: los justos y los impíos.

8. Apoc. 19: 11 a 20: 6. Cuando Cristo venga, la venida en la que aparece simbólicamente como un guerrero que es acompañado por las huestes del cielo, arrojará a la bestia perseguidora y al falso profeta al lago de fuego, matará al resto de sus enemigos con la espada que sale "de su boca". Y un ángel atará a Satanás; entonces los fieles -los muertos resucitados y los vivos- recibirán su recompensa: reinarán "con él mil años".

Estas referencias de las Escrituras concuerdan en describir el glorioso regreso del Señor como un acontecimiento único y visible. Muestran que este suceso producirá (1) la reunión de los santos inmortales recogidos de la tierra para estar con él, como es evidente, en las "moradas" celestiales, en el lugar que Cristo fue a preparar para ellos (Juan 14: 2-3), y (2) la muerte de todos los perseguidores de la última generación, junto con todos los impíos, por la gloria consumidora de la venida de Cristo.

Por lo tanto, es evidente que cuando comiencen los mil años sólo habrá dos grupos de seres humanos: los que han sido llevados al cielo revestidos de inmortalidad, y los que quedaron muertos en la tierra desolada y oscura. Este despoblamiento de la tierra es lo que atará a Satanás (ver com. Apoc. 20: 1-2), pues no puede llegar hasta los redimidos ni 899 tiene poder para engañar a sus súbditos muertos. Los engañará de nuevo cuando sean resucitados al terminar los "mil años" (vers. 5).

Base equivocada de la creencia en un milenio terrenal.- Algunos sostienen que el milenio será un período de justicia, paz y prosperidad en la tierra. Llegan a esta conclusión mayormente por aplicar a los mil años, ya sea literal o figuradamente, las profecías de restauración del reino que fueron dadas al antiguo Israel en el AT. Los premilenaristas que pertenecen a este grupo aplican estas profecías literalmente, o a un reino mundial de la iglesia o de los judíos, en un milenio futuro después de la segunda venida. Los postmilenaristas aplican estas mismas predicciones a una era áurea futura que disfrutará la iglesia antes de la segunda venida. Un tercer grupo, los amilenaristas, reduce las descripciones del AT relativas al reinado ofrecido al antiguo Israel, a simples alegorías de las victorias de la iglesia en la dispensación evangélica.

La falsedad de estas tres posiciones es doble: (1) Ninguna de ellas armoniza con las especificaciones que presenta Apoc. 19: 11 a 20: 15, el pasaje más importante de las Escrituras que trata del milenio. Este pasaje muestra claramente que no habrá ser humano vivo en la tierra durante este período (ver lo anterior; cf. com. cap. 20: 1). Por lo tanto, el milenio no puede ser un período de justicia, paz y prosperidad en la tierra. (2) Estas posiciones se fundan en un concepto falso de la naturaleza de las profecías del AT.

Por ejemplo, muchos premilenaristas sostienen que estas profecías del reino son decretos literales e inalterables que aún deben cumplirse para el Israel literal, es decir para los judíos (en cuanto al término "Israel", que se aplica a los judíos de cualquier tribu, ver com. Hech. 1: 6). Esta creencia equivocada ha producido un sistema conocido como futurismo (ver pp. 133-134) que, en vez de considerar a la iglesia cristiana como heredera de las promesas que se hicieron a Israel, considera la era cristiana como un "paréntesis" en la profecía, es decir, que llena la brecha hasta que se cumplan literalmente en el futuro las antiguas profecías respecto a Israel (cf. pp. 133- 134).

Los intérpretes de esta escuela aplican la mayor parte de las predicciones del Apocalipsis principalmente a los judíos, y creen que estas predicciones se cumplirán en lo que llaman "el tiempo del fin". Esperan que las profecías del AT respecto del reino que le fueron dadas a Israel, se cumplan durante el milenio. Dividen la historia sagrada en dispensaciones o períodos (por lo cual se los denomina "dispensacionalistas"), en los cuales la "edad de la iglesia" se considera como una dispensación intermedia de gracia entre las edades judías de la ley pasada y la futura. Esta división en dispensiones lógicamente requiere un "rapto anterior a la tribulación" (ver com. 1 Tes. 4: 17) a fin de sacar a los santos cristianos de la tierra antes del "período de tribulación" judío. Estos intérpretes sostienen además que los judíos sobrevivientes aceptarán a Cristo cuando aparezca en las nubes después de la tribulación. Entonces con las "naciones" sobrevivientes entrarán en el milenio; y si bien es cierto que seguirán siendo mortales, vivirán en una tierra parcialmente renovada. Según esta teoría, en ese tiempo los judíos gozarán no sólo de prosperidad material y de longevidad, sino también del reino davídico restaurado, de un templo restaurado y de un sistema de sacrificios "conmemorativos"; de la ley, el sábado, el dominio político del mundo, la aplicación por la fuerza del reinado "con vara de hierro" de Cristo sobre naciones sumisas, que finalmente se harán rebeldes. Todo esto en un reino terrenal milenario, mientras que los santos cristianos reinarán con Cristo revestidos de inmortalidad.
A continuación se detallan algunos de los principios de la interpretación profética del AT que pasan por alto los que aplican las profecías del reino del AT a los judíos en una era futura (ver t. IV, pp. 27-40; com. Deut. 18: 15).

1. Las promesas hechas al antiguo Israel eran condicionales. Dios dijo: "Si diereis oído a mi voz. . . vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos" (Exo. 19: 5; cf. Deut. 7: 8; 27-30; Jer. 18: 6-10; ver t. IV, p. 36).

2. Israel como nación no cumplió las condiciones; por lo tanto, perdió el reino y las promesas. Cuando Cristo, el hijo de David, vino y la nación judía rechazó a su Rey, ella perdió el reino (ver com. Mat. 21: 43; cf. com. Apoc. 20: 1).

3. La iglesia cristiana, el "Israel espiritual", es ahora la heredera de las promesas. El fracaso del Israel literal no significa que "la palabra de Dios haya fallado" (Rom. 9: 6). Cuando la nación de Israel fue cortada como ramas muertas de la verdadera raíz de Abrahán, el Israel 900 verdadero era entonces el fiel remanente judío que había aceptado al Mesías (ver com. Rom. 11: 5); y a esos judíos cristianos fueron agregados los cristianos gentiles injertados en el tronco original; por lo tanto, el árbol incluye ahora a los hijos espirituales de Abrahán (Gál. 3: 16, 26-29), es decir, la iglesia cristiana.

Pablo dice que "todo Israel será salvo" (Rom. 11: 26), pero establece claramente que "todo Israel" no significa todos los judíos (ver el comentario respectivo). Excluye a los que son sólo "hijos según la carne" e incluye únicamente a los "hijos según la promesa" (Rom. 9: 6-8). A éstos les añade los gentiles que tienen la circuncisión verdadera, espiritual, que proviene de Cristo (Rom. 2: 26, 28-29; Col. 2: 11; ver com. Rom. 11: 25-26; Fil. 3: 3). Pablo dice específicamente que los que no son judíos pero son salvos por la gracia de Cristo, no son ya extranjeros de la "ciudadanía de Israel" y "los pactos de la promesa", sino que son "conciudadanos de los santos" (Efe. 2: 8-22). En el Israel espiritual "no hay judío ni griego", sino que todos son uno en Cristo Jesús (Gál. 3: 28).

Pablo aplica a "toda su descendencia" -cristianos judíos y gentiles- la promesa del reino (ver com. Rom. 4: 13, 16). Pedro cita casi textualmente un pasaje clave (Exo. 19: 5- 6) que le prometía a Israel la condición de un pueblo escogido, una nación santa, un "real sacerdocio", y lo aplica a los cristianos que no son judíos. Esto muestra que él consideraba a la iglesia cristiana como heredera de la condición especial que poseyó anteriormente el Israel desobediente (ver com. 1 Ped. 2: 5-10). Juan usa dos veces una expresión que parece aludir a este mismo pasaje de Exodo: "reyes y sacerdotes" (ver com. Apoc. 1: 6; 5: 10), demostrando así que hace una aplicación similar de aquella promesa del reino a la iglesia: no sólo a la futura iglesia triunfante sino también a los cristianos del Asia Menor. Hay otros ejemplos en el NT de pasajes inspirados que se aplican a la iglesia de los tiempos apostólicos en Hech. 2: 16-21; 13: 47; 15: 13-17 . Esas promesas y profecías fueron hechas, por supuesto, a Israel.
4. Profecías que fueron originalmente literales pueden tener un cumplimiento espiritual para el "Israel espiritual" en esta época, y trascendentalmente en el mundo venidero. Las aplicaciones del NT muestran que las profecías dadas literalmente al antiguo Israel pueden tener un cumplimiento no literal en la iglesia en las nuevas condiciones de la era cristiana, y un cumplimiento final, sin los factores propios de la mortalidad, en el reino eterno.

COMENTARIOS COMPLEMENTARIOS

Gén. 1:2.

Desordenada y vacía.

Más exactamente "desolada y vacía", tóhu wabóhu. Esto implica un estado de desolación y vacuidad, pero sin implicar que la tierra una vez fue perfecta y después quedó arruinada o desolada.

Cuando aparecen juntas las palabras tóhu wabóhu en otros pasajes, tales como Isa. 34: 11; Jer. 4: 23, parecen ser prestadas de este texto, pero la palabra tóhu se emplea con frecuencia sola como sinónimo de inexistencia o la nada (Isa. 40: 17, 23; 49: 4). Job 26: 7 muestra el significado correcto de esta palabra. La segunda parte de este versículo declara que Dios "cuelga la tierra sobre nada" y la primera mitad presenta el paralelo "él extiende el norte sobre tóhu [vacío]". Este texto de Job muestra claramente el significado de tóhu en Gén. 1: 2, en el cual este vocablo y su sinónimo bóhu indican que la tierra estaba informe y sin vida. Sus elementos estaban todos mezclados, sin ninguna organización e inanimados.
Tinieblas estaban sobre la faz del abismo.

El "abismo", de una raíz que significa "rugir", "bramar", se aplica con frecuencia a las aguas bramadoras, a las olas rugientes, o a una inundación y de ahí las profundidades del mar (Sal. 42: 7; Exo. 15: 5; Deut. 8: 7; Job 28: 14; 38: 16). "Abismo" es una palabra antigua y se usa aquí como sustantivo propio. Los babilonios, quienes retuvieron algunas vagas reminiscencias del relato de la verdadera creación durante muchos siglos, en realidad personificaron esta palabra tehom y la aplicaron a su deidad mitológico, Tiamat, de cuyo cadáver creían que se creó la tierra. El registro bíblico muestra que originalmente no había luz sobre la tierra y que la materia de la superficie estaba en un estado fluido porque "la faz del abismo" es paralela con "la faz de las aguas" en este versículo.

Jeremías 4:

23 Miré a la tierra, y he aquí que estaba asolada y vacía; y a los cielos, y no había en ellos luz.

24 Miré a los montes, y he aquí que temblaban, y todos los collados fueron destruidos.

25 Miré, y no había hombre, y todas las aves del cielo se habían ido.

23.
Miré.

El profeta presenta una descripción gráfica de lo que le fue mostrado en visión profético. La expresión "miré..., y he aquí", aparece cuatro veces en los vers. 23-26.

La tierra.

Heb. 'érets, "tierra", ya sea un territorio o el mundo (ver com. vers. 20). Con referencia a la aplicación de la profecía al presente inmediato, o al futuro próximo o al más distante, ver com. Deut. 18: 15; también PP. 27-40. En su aplicación secundaria, Jer. 4: 23-27 puede también interpretarse como una descripción de la desolación de la tierra durante el milenio (ver CS 717).

Asolada y vacía.

Esta misma frase describe la condición original de la tierra (Gén. 1: 2). La tierra volverá parcialmente a esta condición en el gran día de Dios (CS 717; ver com. Apoc. 20: l).

No había en ellos luz.

Compárese con Gén. 1: 2; ver com. Jer. 4: 24.

24.
Temblaban.

El profeta describe en lenguaje figurado, tal como le fue presentada, la situación reinante en Jerusalén durante el asedio (ver com. vers. 25).

Fueron destruidos.

Mejor, "trepidaban" (BJ), "se conmueven" (VM).

25.
No había hombre.

En la escena que se muestra al profeta no se veía señal alguna de vida humana (ver com. cap. 36: 29; 44: 22).

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